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El 21 de Diciembre del año 1960 en las costas de la localidad de Langre se vivió un suceso dramático. Un barco con 21 tripulantes fue destrozado por la fuerza del Mar Cantábrico contra los acantilados de Langre. El resultado de esta tragedia fue de 21 víctimas mortales (20 tripulantes y un vecino de Langre).

He recogido la noticia de los diarios de aquella época y quiero con estos relatos hacer un homenaje a todas las personas que dieron todo por intentar salvar alguna vida de los tripulantes del barco llamado “Elorrio” y a todas las personas de Mar. En especial al vecino de Langre, Ismael Hoz que dio su vida por intentar salvar la de los demás.

Noticia recogida en “El Diario Montañés”. Las fotos están recogidas del periódico de la época y por ello la calidad no es buena. Disculpen.

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A. Jueves 22 de Diciembre de 1960 NAUFRAGÓ EL MERCANTE ELORRIO Y SOLO HUBO UN SUPERVIVIENTE DE LOS 21 HOMBRES DE LA TRIPULACIÓN.

Una nueva tragedia en el mar. El mercante Elorrio que ha quedado materialmente destrozado contra los acantilados de Langre, perdiendo la vida 20 de los 21 tripulantes en una de las mayores catástrofes que se recuerdan desde hace muchos años, cuando el buque estaba a la vista del seguro refugio de nuestra bahía.

"La Peñota". Lugar del suceso.

 

El Elorrio había salido de Gijón a las 5 de la madrugada de anteayer, despachado en lastre para Valencia donde había de ser entregado a una compañía que se dedica al desguace de buques por sus armadores señores Arinazabal.

Su último viaje la había hecho desde Baltimore, con una carga de 8000 toneladas de trigo que había desembarcado en Gijón.

Anclado en el puerto de Musel, la fuerte marejada le había hecho perder las dos anclas, viéndose precisado su capitán a hacerse a la mar con animo de arribar a Santander, puerto que le ofrecía, por su cercanía, las máximas garantías. Durante todo el día y la noche de ayer sufrió el Elorrio los embates del fortísimo temporal que azotaba todo el litoral Cantábrico, produciéndole una vía de agua.

Alrededor de las 4 de la mañana cuando se verifica el cambio de guardia, los hombres que se hicieron cargo de ella, concretamente el segundo maquinista, señor Iturriaga, ordenó al engrasador, José Trillo, que cerrase la vía de agua que se había originado en el casco. Después de luchar con el mayor esmero para taponar la brecha, Trillo manifestó su impotencia para reparar la avería.

Mientras tanto, la máquina del Elorrio se había parado por falta de macizo y el barco se hallaba al garete. Al ver el peligro que corría la nave en medio del durísimo temporal, se lanzaron las primeras llamadas de socorro cuando el buque navegaba a la deriva a la altura de Cabo Mayor.

Trillo, que ha sido el único superviviente, estuvo aun bastante rato en la sala de máquinas y cuando vio que todos los demás compañeros habían subido a cubierta ya dispuestos con los chalecos salvavidas, tomo dos, esperando las ordenes del capitán quien recomendó a la tripulación serenidad.

Entre tanto, el barco, arrastrado por el temporal del noroeste se acercaba peligrosamente a los acantilados de Langre, donde embarrancó. La tripulación no perdió la serenidad ni un solo minuto a pesar de los trágicos momentos que vivía.

El barco se escora.

Los tremendos golpes de mar hicieron escorar aun más al Elorrio, que acabó por acostarse de estribor. Toda la tripulación subió al puente y agarrándose fuertemente a la barandilla estuvo aguantando durante varias horas los embates del mar que barría materialmente el casco del buque.

Las ordenes de mantenerse a bordo fueron obedecidas por la tripulación, esperando les llegase algún auxilio desde tierra para poder ponerse a salvo.

Los vecinos de Langre se percatan del naufragio.

Un vecino de Galizano, llamado Antonio Presmanes, fue el primero que vio el buque y a la tripulación debatiéndose con el temporal, en tanto que la mar golpeaba brutalmente el casco contra los acantilados de la Peñota, donde había sido empujado por la fuerza del viento y el tremendo oleaje.

Antonio avisó a Manuel Vega Gutiérrez, de Langre, quien se acercó a la iglesia para tocar a rebato, presentándose inmediatamente un nutridísimo grupo de vecinos, así como de Somo y Galizano, que iniciaron los primeros trabajos del salvamento de los tripulantes.

La falta de medios adecuados para el lanzamiento de cabos, incrementada por el estado del mar, dificultaba los trabajos, de tal manera, que todos los esfuerzos resultaban baldíos.

Salen varios barcos a recoger náufragos.

Entre tanto, se dio aviso a la comandancia de Marina de Santander, quien dispuso salieran en socorro de los náufragos las parejas “Enero” y “Febrero”, “Hermanos Portuondo” y “Familia Portuondo”, así como el pesquero de bajura “Esquiaga Beitia”. Todo esto sucedía alrededor de las nueve de la mañana, cuando el barco llevaba ya 2 horas encallado luchando desde la cubierta los tripulantes con la fuerza del oleaje.

Algunos de ellos, agotados, no pudieron resistir los reiterados embates de las olas y fueron materialmente arrancados de la barandilla y lanzados al mar, debatiéndose de una forma dramática entre la vida y la muerte, sin que desde tierra el vecindario, horrorizado, pudiera hacer nada practico, porque los cabos que se lanzaban no llegaban hasta los náufragos, llevados y traídos por el furioso oleaje.

El dialogo de los náufragos con los hombres que estaban en la orilla era conmovedor.

Llega a tierra el superviviente. 

José Trillo, el engrasador, al ver que el barco estaba irremisiblemente perdido, y como hombre experimentado en estas cosas del mar, se arrojó al agua con el propósito de alcanzar la orilla provisto de dos salvavidas.

Una gigantesca ola le transportó hasta una roca a la que se agarró fuertemente, pero pese a su desesperado esfuerzo, un nuevo golpe de mar le internó de nuevo, golpeándose brutalmente contra el casco del buque. Trillo siguió luchando con gran energía con el mar, ante la angustia de los hombres que desde la orilla seguían su odisea y su esfuerzo por salvar la vida. Por fin otra ola le llevó de nuevo a tierra, donde se agarró desesperadamente a otra roca. Pese a estar exhausto, sacando fuerzas de flaqueza, permaneció unos momentos asido al acantilado, lo suficiente para que pudiera ser puesto a salvo por un grupo valeroso de vecinos que corrieron presurosamente hasta el lugar donde el engrasador se encontraba.

Una vez puesto a salvo, Trillo fue conducido a un establecimiento de Langre, adonde acudió el medico de Ribamontán al Mar, don Manuel Ruiz, quien le reconoció detenidamente, no apreciándole, de momento, mas que fuertes contusiones en una pierna y el natural nerviosismo ocasionado por el dramático trance que acababa de vivir.

Perece un vecino de Langre.

Los esfuerzos que de forma tan heroica e ininterrumpida venían realizando todos los vecinos de los pueblos costeros en medio de un persistente temporal de agua, granizo y viento, que los había empapado tuvieron el tributo de una víctima.

Ismael Hoz Hoz de 29 años, vecino de Langre, que junto con su esposa cooperaban al lanzamiento de cabos para que se pudiesen asir los hombres que flotaban sobre el mar, a merced del imponente oleaje, al lanzar uno de ellos, desde una roca barrida por el agua, perdió pie, cayendo al mar embravecido y pereciendo ahogado, ante la mirada atónita y de espanto de su esposa y convecinos, que impotentes para prestarle auxilio vieron con horror cómo desaparecía entre la rompiente.

La heroica muerte de este joven, padre de familia, que deja un hijito de un año, ha causado honda y profunda impresión en todo el vecindario de Ribamontán al Mar, donde Ismael era muy querido y apreciado por su hombría de bien.

El padre de Ismael se enteró de la trágica muerte de su hijo al tomar la lancha en Santander para dirigirse al pueblo. La llegada al domicilio de su hijo fue emocionante.

Acude el Comandante de Marina.

Al mediodía, la fuerza del temporal no decrecía, sino que fuertes aguaceros seguidos de granizo y violentas rachas de viento, de truenos y chispas eléctricas, hacían más dantesco el cuadro que se ofrecía ante la vista de los espectadores de esta tragedia.

Los 5 hombres que aun se hallaban asidos a la barandilla, agotados por el esfuerzo de varias horas aguantando los renovados e impetuosos golpes de mar, fueron arrancados de ella y lanzados al agua, quedando a merced de las olas.

Desde este momento, las gentes que se hallaban en los cantiles, se preocuparon de seguir con la mirada los chalecos salvavidas y la dirección que tomaban los cuerpos de los náufragos. Poco después el barco, materialmente destrozado, desaparecía bajo las aguas de la “Peñota”.

Actúan aviones de salvamento.

En las primeras horas de la tarde llegaron dos aviones de salvamento de las Fuerzas Aéreas de los EEUU. Se trataba de un bimotor “Douglas” y de un avión anfibio “Gruman”, del grupo de salvamento de la base de utilización conjunta hispano Norteamericana de Torrejón, que se hallaba en vuelo rutina de España a Alemania. Cuando se encontraba sobre la vertical de Burgos, recibió un mensaje sobre la situación del barco “Elorrio”.

Inmediatamente desvió su ruta y se situó sobre las aguas, en los que naufragó el barco Español. Sobrevolando en círculos en espera de poder prestar ayuda, y a las 17:30, pese al fuerte viento reinante, el avión continuaba su vuelo de ayuda.

Es de destacar la actuación de estos pilotos que, con unas condiciones atmosféricas verdaderamente peligrosas, estuvieron mas de dos horas volando sobre el lugar de la catástrofe, hasta que la visibilidad fue totalmente nula, arrojando bengalas y botes neumáticos para orientar y auxiliar a los posibles supervivientes.

Asimismo, el “Enero” continuo la infructuosa búsqueda a lo largo de toda aquella zona.

Un bote a motor, insumergible, fue lanzado por el “Monte Mahasa” para ayudar al rescate de los náufragos.

En algunos momentos, el mar juntaba caprichosamente a varios de los tripulantes, que eran ya cadáveres; pero que seguían siendo mecidos y zarandeados por el embravecido oleaje, que tan pronto los llevaba junto a la costa como los separaba de ella.

Llega el Gobernador Civil.

Freire

Alrededor de las 5 de la tarde llegó a Langre el Gobernador Civil de la Provincia, don Antonio Ibáñez Freire, a quien acompañaba el comandante de la Marina don Aquiles Vial. Ambos se dirigieron a la Peñota, donde se hallan sumergidos los pedazos del “Elorrio”, recorriendo después la zona de Llaranza, escenario de este dramático episodio.

De regreso a Langre, los señores Ibañez Freire y Vial, conversaron unos momentos con José Trillo, el superviviente, disponiendo su traslado a la casa Salud Valdecilla, donde quedó hospitalizado. Su estado físico no inspira inquietud, aunque se muestra muy abatido.

Los últimos intentos para recuperar los cadáveres.

Cuando caía la tarde, todavía seguían grupos de vecinos recorriendo la costa a la expectativa de que el mar arrojase algún cadáver a la orilla, en tanto que el avión anfibio “Gruman” continuaba dando pasadas para localizar posibles supervivientes.

Hasta bien avanzada la noche y con el flujo y reflujo de las mareas no se espera que el mar devuelva a sus víctimas.

El grupo de salvamento de Bilbao.

Hacia las 3 de la tarde llegó en un camión, procedente de Bilbao, un equipo de salvamento con todo el material necesario de lanzacabos, etc., pero ya sus servicios, desgraciadamente, no pudieron emplearse porque el Elorrio había desaparecido bajo las aguas, y los cuerpos sin vida de sus tripulantes flotaban a merced de las olas.

Los vecinos de Langre se descuelgan por los acantilados para rescatar los cadáveres de la tripulación del mercanteSe van alineando los féretros con los cadaveres. Veintiún hombres perdieron la vida en la tragedia del Elorrio.

Entre los recién llegados se produjeron escenas emocionantes, ya que algunos de los componentes del grupo eran amigos íntimos de los oficiales que iban a bordo del barco desaparecido.

Hablando con el superviviente.

El único hombre que se ha salvado de esta catástrofe se llama, como anteriormente hemos dicho, José Trillo Rodríguez, de 27 años, está casado y tiene un hijo de 8 años. Es vecino de Caldebarco (La Coruña).

José Trillo

Cuando nos acercamos a él, le encontramos profundamente abatido. No hacía mas que preguntar por sus compañeros.

•  Están todos bien; están repartidos por las casas del pueblo, miente uno piadosamente.

Esto parece que le consuela. Recuerda especialmente al segundo maquinista, al que llama familiarmente José Mari y llora cada vez que pronuncia su nombre.

•  Yo había entrado de guardia a las 4 de la madrugada con otro compañero, Pascual Dávila, de Puebla de Caramiñal, había pedido plaza para poder así trasladarse a Valencia, donde pretendía enrolarse en otro buque. Como nosotros teníamos que entregar el “Elorrio”, fue aceptado en la tripulación.

•  ¿Notó alguna anomalía al hacerse cargo de su puesto?.

•  El fogonero me previno que faltaba macizo a la máquina. Entonces abrí la caldera de estribor y advertí que no funcionaba. Abrí después la de alimentar y la auxiliar y tampoco respondieron.

•  ¿Y qué hizo entonces?.

•  Lo puse en conocimiento del segundo maquinista.

•  ¿Estaba el barco en peligro?.

•  No me di cuenta hasta bastante después, pues solo nos quedamos abajo él y yo.

A Trillo le cuesta coordinar las ideas.

•  ¿Qué hizo además de manipular en las calderas?.

•  Estuve taponando la vía de agua, pero al ver que no podía y que cada vez iba a mas, dije lo que ocurría al segundo. Ya para entonces noté que el barco estaba bastante escorado. Subí a cubierta donde se encontraban todos los compañeros con los salvavidas puestos. Pude darme cuenta que el barco estaba perdido.

•  ¿Qué hicieron en aquellos momentos?.

•  Todos nos dispusimos a recibir ordenes. El capitán ante la proximidad de la costa nos recomendó serenidad y que nadie se tirase al agua por temor a que nos estrellásemos contra las rocas.

•  ¿Y usted por qué se arrojó?.

•  Yo, con esta, es la cuarta vez que naufrago. Tengo pues cierta experiencia. Contaba que el agua me defendería como así ha sido, gracias a la Virgen del Carmen, aprovechando el avance de la ola.

•  ¿Recuerda los otros tres naufragios?.

•  Si, el primero fue en el “Rosa Botana”, en la Coruña; hubo un muerto. El segundo en aguas de Gijón, en el “Caste purita”, sin que hubiese desgracias; la tercera ocasión ocurrió también en La Coruña y el barco que se hundió se llamaba “Chindoro”, tampoco hubo víctimas.

Trillo se queda un poco pensativo y prosigue:

•  Pero si Dios quiere, no naufragaré mas, porque no pienso volver a la mar.

Hace una breve pausa, como si quisiera recordar las amargas horas que acaba de vivir y vuelve a preguntar con insistencia por sus compañeros.

También de vez en cuando hace un gesto de dolor, llevándose la mano a la pierna, golpeada contra el barco. El Dr. Le pone una inyección para calmarle los dolores.

Los solícitos cuidados que le prodigaron estas buenas gentes que le tienen recogido van reanimándole.

Un compañero le pide la dirección de su esposa para tranquilizarla y que sepa que está a salvo. Lo agradece.

No insistimos más. Poco después un “Jeep” le trasladaría a Santander.

Trillo llevaba 14 meses enrolado en la tripulación del “Elorrio” y solamente el primero y segundo maquinista, un fogonero, el caldereta y él pertenecían a la antigua dotación, ya que los que iban embarcados en esta ocasión se dirigían a Valencia a tomar otro buque, porque, como al principio hemos dicho, el “Elorrio” iba a ser desguazado inmediatamente.

La tripulación del “Elorrio”.

La dotación que había salido del Musel estaba compuesta por los siguientes hombres:

Capitán: Don Vicente Moreira Portilla.

Primer oficial: Don Francisco Orozco Esparza.

Segundo oficial: Don Pablo F. San Pedro Ovejero.

Radiotelegrafista: Don Carlos Arroyo Herrero.

Contramaestre: Don Francisco Rodríguez Casaiz.

Marineros: Ramón Figueira Careu, Juan Fernández Hermo, Carlos Pardo Villa.

Primer maquinista: Ramón San Antón Bilbao.

Segundo Maquinista: Juan José María Iturriaga Uriarte.

Tercer maquinista: Antonio Larrabeiti Orraindia.

Calderero: Manuel Teira Millán.

Engrasador: José Trillo Rodríguez y José Orellana Martínez.

Fogonero: Jaime González Lemos, Pascual Dávila Montes y Juan Piñeiro Martínez.

Palero: José Ramón Rego.

Cocinero: Juan Echevarría Aurrecoechea.

Camarero: Federico López Orjales

Marmitón: José Laza Rentería.

En total 21 hombres, de los cuales sólo ha habido 1 superviviente, como habrán leído nuestros lectores.

Características del “Elorrio”.

El buque naufragado había sido construido en el año 1922 en los astilleros de la Sociedad Española de construcción Naval de Bilbao y navegó primeramente con el nombre de “Aldecoa”. Tenía un desplazamiento a máxima carga de 9393 toneladas; eslora de 113 metros; manga de 15 metros y puntal de 10 metros.

La última vez que había recalado en Santander fue el día 26 de Enero del presente año 1960.

Informan desde Gijón por teléfono.

La noticia del naufragio del mercante “Elorrio” en aguas de Langre ha causado aquí honda impresión, por haber sido este el último puerto que toco el buque desaparecido a su regreso de América conduciendo el último cargamento, puesto que fue despachado aquí para Valencia, donde había de ser desguazado.

El cargamento que condujo desde Baltimore fue de trigo, parte del cual, unas 500 toneladas de las 8000 que conducía, han quedado inutilizadas a causa de la humedad que penetraba en una de las bodegas, donde posiblemente se abrió con posterioridad la vía de agua que dejó sin medios de propulsión al buque desaparecido en su postrer viaje de Gijón a Santander.

El día 21 de Diciembre miércoles de 1960 pasará a la historia local señalado con una cruz para recordar que, ante nuestros ojos y nuestras voluntades impotentes, se ha perdido un barco y con él, la vida de muchos hombres. Dios, que conoce el sacrificio de los que perecieron, recompensará la dureza de sus vidas y de sus muertes con un lugar de refrigerio, de ley y de paz.

Ayer, mientras la ciudad se disponía a recuperar el pulso de su actividad, a las 8 de la mañana culminaba una tragedia que se había iniciado horas antes. Es la hora en que el “Elorrio” informaba que su situación era insostenible, que el barco dejaba de ser gobernado para desembocar en irremediablemente naufragio.

El rumor comenzó a circular por la ciudad, pero como todos los rumores, aparecía deformado. Se hablaba de que un barco había embarrancado en Galizano; se decía que se trataba de un pequeño pesquero costero; se anunciaba que el siniestro había ocurrido ante la isla de Santa Marina, e incluso que el naufragio había sucedido en aguas Vascas.

Pero poco a poco se empezó a vivir la tragedia del mar, conociéndose el afán por poder rescatar a los tripulantes en tan dura situación, a cargo de los barcos de pesca, la intervención de los aviones norteamericanos, en su constante sobrevolar la zona, señalando posiciones de náufragos y lanzando botes neumáticos; la intervención de un bote del “Monte Urbasa”..... Pero todo en vano. El Cantábrico cobró sus víctimas y sobre la ciudad cayó la depresión de la tragedia tan cercana.

El “Elorrio” no era un barco desconocido para los asiduos de nuestros muelles y posiblemente se identifica mejor con su anterior nombre “Aldecoa”, con el que navegó largos años, desde su construcción en 1922, por Sociedad Española de Construcción Naval, hasta Agosto de 1959, en que, precisamente en nuestro puerto, cambió su nombre por el actual “Elorrio”.

El “Elorrio” era un barco grande, máxime para la época de su construcción, ya que sus tonelajes bruto y neto eran de 5173 T y 3131 T, con un desplazamiento a máxima carga de 9393 T y con una capacidad de carga de 8542 T. Sus dimensiones eran de 113,15 metros de eslora, que entre perpendiculares era de 109,10, su manga de 15,24 metros y su puntal de 10,33 metros. La potencia de su máquina, de 2500 HP y con una velocidad, en buenos tiempos, de 12 nudos a la hora. Un detalle de su construcción, que le hacía mas joven, era su popa de crucero.

La última estancia en nuestro puerto lo fue, respectivamente, en las siguientes fechas:

•  El 20 de Agosto de 1959 entró procedente de la escala de Santa Cruz de Tenerife, con un cargamento de Cebada, que se descargó en el muelle de Maliaño, frente al tinglado nº 4. Como ya hemos indicado, fue en esta ocasión cuando cambió el nombre de “Aldecoa” por el de “Elorrio”. Permaneció en puerto hasta el día 2 de Septiembre, en que zarpó en lastre para Avilés.

•  La última estancia en Santander fue el día 26 de Enero de 1960, en que llegó en lastre, procedente de Rotterdam. Quedó atracado en el muelle de bloques, donde cargó cerca de 3000 toneladas de pulpa de remolacha para Rotterdam, puerto para el que salió el 3 de Febrero.

 

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